Resulta que lo mas sencillo lo transformamos en complicado, enrevesar las dudas, las palabras… lo enrollamos todo de manera que parezca prácticamente imposible de arreglar, porque nos gusta decir que estamos mal, que sufrimos, que la vida es injusta…
          Anudamos cadenas deshilachadas repletas de preocupación por problemas realmente insignificantes que inundan un paraíso imaginario que solo existe en nuestra cabeza, y le damos tanta importancia que nos rebasa. 
          Si consiguiéramos ablandar esa gruesa banda que nos ciega y así poder ver las cosas de su color natural, tal y como son.
          Si aprendiésemos a mirar fijamente los ojos de la sencillez.
          Esta fina capa de situaciones raras a la que llamamos vida no es mas que un diminuto pedazo de mundo que tenemos el gran privilegio de aprovechar y por supuesto de disfrutar.
          Eso si, cada uno a su manera.

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