Si lográsemos permanecer en esa línea entre tiempos sin temor a olvidar aquellas anécdotas que nos construyen y fabrican nuestro yo, si fuésemos capaces de querer ser capaces incluso de intentar servirnos de ejemplo, y espantar la complejidad en la que nos sumergimos a medida que crecemos, y evitar señalarnos con el dedo justiciero regalándonos mas culpa de la que podemos en ocasiones soportar.
          Si lográsemos añadir mas sencillez a nuestros actos causando pequeños clímax de placer a nuestro cerebro siguiendo un patrón de causa y efecto, y porqué no amenazar a nuestros trastornos y así originar masacres de sentimientos elevados a la novena potencia.
Si lo lográsemos, entonces el fin del mundo se vengaría de nosotros.

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