Libertad, en el instante en que se acerca a la pluma, aquella que permite que broten historias a partir de pequeñas semillas moldeándose en forma de ideas, de palabras, palabras que avivan el silencio, abrazan la costumbre y saludan a la complacencia.          
          Deleite, cuando la pluma toma vida, se personifica en base al pensamiento mas vacío que exista, pero con tanto significado.          
          Placer cuando las palabras se unen por sentirse correspondidas, se reproducen creando nuevas y exquisitas ideas y se mantienen en cada una un valor incalculable de regocijo y por supuesto de magia.         
           La pluma de la vida, que transforma pensamientos en historias, que saca partes misteriosas, desconocidas, que por unos instantes toma forma de mano, pero pronto vuelve a su forma inicial, a la de una pluma de escribir. 

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