13 de junio de 2013


Y rompiendo cada esquina del dormitorio empezó nuestra guerra fría.

Nuestros odiados kilómetros soñaban despiertos entre miradas,
buscaban esperanzas escondidas tras botones de camisas baratas,
no entendían el "cómo" ni el "cuándo", solo sabían "por qué",
el mundo giraba y giraba sin importar su enloquecer. 
La envidia les aventajaba con dudas sin resolver,
todos sus "algos" susurraban con miedo,
se escondían dentro de sus propios gritos opacos,
porque el ultimátum de su dicha podía desaparecer.  

Amenazaban con huir al vacío de su inseguridad, 
sin saber que allí no existen salidas,
y preocupándose por su hemorragia emocional,
se dispuso a viajar hacia un sin fin de manías. 

No importaban las horas y las luces se comían sus palabras,
no había nada, solo aquello que fabricaran.
Su mundo, cubierto por una capa de esperanza singular,
dormía al son de sus mejores gemidos, aquellos que les hacía madurar.

Su lucha murió rodeada de presuntas alucinaciones, 
aquellas que rompieron su mediocridad,
el resto manteniéndose despiertas, luchaban por ser vistas,
con el objetivo de acabar con esa irracional y absurda guerra fría. 

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Y hacía mucho tiempo que, pero vuelvo a estar, y he aprendido una nueva forma de mirar el mundo en todo este tiempo que a pesar de todas las...