Siempre hacemos lo que nos conviene a pesar de que tengamos que pasar por encima de alguien, nos da igual, ni siquiera nos paramos a pensarlo, pero siempre actuamos de acuerdo a unos esquemas que se encuentran tan en el fondo de nuestro cerebro que es prácticamente imposible cambiarlos.
Criticamos lo que nosotros mismos hacemos, porque siempre es fácil verlo en los demás, fuera de nosotros, pero nunca admitimos ni reconocemos nuestros fallos, nuestros errores, esos que nos hacen separarnos del resto de personas.

          A veces nos preguntamos ¿qué he hecho yo?, y si solo nos dedicamos a echar balones fuera y buscar culpables puede que nunca sepamos la respuesta.

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